APASIONANTE BIOGRAFIA DE CIENTIFICO EMINENTE Y PROFUNDO CATOLICO: PASTEUR

26/02/2011 | Publicado por: Omar França | Categoría: Fe y ciencia

LA APASIONANTE BIOGRAFIA DE UN CIENTIFICO EMINENTE Y UN PROFUNDO Y DEVOTO CATOLICO
Louis Pasteur

Considerado uno de los científicos más eminentes de la ciencia del siglo XX, salvador de millones de vidas, inventor de la “pasteurización” de la leche y todo tipo de bebidas, este profundo católico declaraba :”Cuánto más conozco, tanto más cerca está mi fe de la de un campesino Bretón. Quisiera conocerlo todo y desearía la fe de una campesina Bretona”. Lo que el nunca habría comprendido, sobre todo, es el fracaso de los científicos a reconocer la demostración de la existencia de Dios presente en el mundo que nos rodea.
Murió con su rosario en sus manos, después de escuchar la vida de San Vicente de Paúl, había suplicado que se la leyesen, pensaba que con su trabajo como el de San Vicente podría hacer mucho para salvar a los niños que sufrían.

BIOGRAFIA DE LUIS PASTEURFuente: Enciclopedia Católica Copyright © ACI-PRENSA
Químico, fundador de la físico-química, padre de la bacteriología, inventor de bio-terapéuticas.
Nacido en Dole, Jura, Francia, 27 Diciembre de1822; murió cerca de Sevres, 28 Septiembre de 1895. Su padre era un pobre quien se trasladó a Arbois cuando su hijo sólo tenía dos meses. Pasteur recibió su primera educación en el Colegio Comunal de Arbois, pero prestó poca atención a los estudios, prefiriendo pescar y dibujar. Durante algún tiempo pensó que llegaría a ser pintor. Cuando fue descubriendo la ciencia se sintió muy interesado. Se graduó en Besancon y para consagrarse totalmente a la ciencia se trasladó a Paris para estudiar bajo el magisterio de Dumas, Balard y Biot. Su padre le ayudó, pero tenía que financiarse él mismo parte de sus propios trabajos.

Su primer trabajo original versó sobre los cristales. Mitscherlich anunció que dos ácidos, aparentemente idénticos en sus químicas cualidades y en su cristalina forma, actúan diferentemente en la solución por la luz polarizada. Rechazando aceptar esta afirmación, Pasteur demostró que los cristales aunque parecieran similares eran diferentes y demostró la aparente contradicción. Su descubrimiento llamó poderosamente la atención. Como consecuencia se entregó al estudio de lo que llamó disimetría, indicando que las sustancias inorgánicas no son disimétricas en su cristalización, por el contrario todos los productos de la vida vegetal y animal son disimétricos. Concluyó que debajo de estas apariencias había un gran principio biológico. Como resultado de su descubrimiento fue nombrado (1844) profesor de Física en el Liceo de Dijon, tres meses después se le nombró profesor asociado de Química en la Universidad de Estrasburgo y profesor definitivo en 1852; en 1854 decano y profesor de Química en la nueva Universidad de Lille; en 1856 la Sociedad Real Inglesa le confirió el Rumford Medal por el descubrimiento sobre la polarización de la luz con de cristales; en 1857 es nombrado director de estudios científicos en la Escuela Normal de París; en 1863 profesor de Geología y Química en la Escuela de Bellas Artes, en 1869 profesor de Química en la Sorbona, en donde permaneció hasta 1889, cuando fue nombrado Director del Instituto Pasteur, fundado en su honor.
Sus primeros estudios químicos le orientaron a la investigación de la fermentación y putrefacción, demostró que eran debidas a varias clases de gérmenes vivientes. Partiendo de aquí demostró que la generación espontánea era imposible. Demostró que en la materia altamente organizada, si los gérmenes vivos son todos destruidos, y si además el acceso de los gérmenes es controlado de tal modo que nunca al aire se le permite el libre acceso, la fermentación o la putrefacción no se producen. Una pieza de algodón empañada y colocada en un matraz libre de gérmenes es suficiente después de esterizarla, para mantener la orgánica solución completamente estéril.

El estudio de la fermentación condujo a Pasteur a estudiar el vinagre, el vino y la cerveza. Como resultado de esta feliz investigación de fermentos fue requerido por el Emperatriz Eugenia para que se consagrase a la organización de una gran industria manufacturera para beneficio de Francia. Respondió que consideraba incompatible con la dignidad de un científico dedicar su tiempo al comercio, y mientras él estaba dispuesto para que otros se aprovechasen de la ventaja de sus descubrimientos, él deseaba dedicarse totalmente al trabajo científico.

Esta fue una postura afortunada. Sus exitosos descubrimientos motivaron que el Gobierno Francés lo llamara para estudiar la enfermedad del gusano de seda. Esta había producido tales prejuicios en la industria de la seda francesa que su final parecía próximo. Se habían ensayado muchos expedientes y supuestos remedios. Gusanos de seda frescos habían sido traídos desde China en numerosas ocasiones, pero habían sucumbido a la enfermedad, o sus crías se habían visto afectadas por ellas. Nada había viable y el asunto parecía desesperado. Pasteur halló que el gusano de seda había sufrido dos enfermedades, pebrine y flacherie, y que la extensión de esas enfermedades podría ser prevenida por la cuidadosa separación de los gusanos sanos de los enfermos. El anuncio parecía demasiado bueno para ser verdadero y escuchado. Pasteur demostró su absoluta verdad y su práctica capacidad para poder encargarse de la villa del Príncipe Imperial Francés, en donde la industria de la seda se había sido arruinado. Al final del año el saldo de capullos dio una ganancia neta de 26.000.000 francos (cerca de 5.000.000).

Naturalmente Pasteur procedió a estudiar las enfermedades de los animales y de los seres humanos. Demostró la causa bacterial del carbunco (ántrax) que había causado serios estragos en Francia entre el ganado. El organismo se extendía por contacto, real contagio. Demostró que las lombrices eran transportadas desde los cuerpos de animales sepultados en poca profundidad e infectaban a los que pastaban. Halló además que podía por el calor reducir la vitalidad del microbio ántrax, de tal forma que producía una leve enfermedad que protegía al ganado contra otra fatal.

Después descubrió la causa del cólera en el ave. Lo cultivó artificialmente y después de un tiempo sus cultivos no producían la enfermedad en el ave, pensó que esto servía para protegerlas contra inyecciones de virulentos cultivos que asesinarían al control=1Ffowl. Los descubrimientos de virus que vacunaban contra estas enfermedades ahorraron a Francia millones de dólares cada año.

Pasteur continuó con el desarrollo de la bacteriología y su relación con la enfermedad. Habiendo estudiado muchos casos de niños encamados con fiebre en los hospitales, declaró ante la sociedad médica que había encontrado su causa y dibujó un diseño semejante a un rosario que conocemos como un estreptococo, o cadena cocos. Descubrió otro coco (marrón) forma de microbios patológicos, algunos de los cuales se organizaban como racimo de uvas, los llamó estafilococo.

Por último llegó su trabajo sobre la rabia. Incapaz de encontrar la causa de la enfermedad, que aún no había sido descubierta, tuvo éxito preparando con vértebras disecadas de animales muertos un virus que vacunaba contra la enfermedad, el cual protegía a los seres humanos atacados por un animal rabioso contra el desarrollo de la rabia. Este tratamiento encontró una dura oposición. Los alemanes hablaban despectivamente de “un remedio del que conocemos menos que la enfermedad “. Con el tiempo llegó el reestablecimiento de Pasteur. Los rusos, quienes sufrían numerosas clases de rabias, incluidas las mordeduras de furiosos lobos en las montañas, reconocieron un gran servicio y el zar honró a Pasteur con una visita personal. Después Inglaterra y la India lo encontraron como un trabajo maravilloso. Otros países también lo admitieron. Finalmente el Gobierno Alemán estableció los Institutos Pasteur y reconoció el descubrimiento.

Muchos honores le fueron concedidos. Además de las RCM (1856-1874), en 1868 el Gobierno Austriaco le concedió un premio de 10.000 francos por su investigación sobre la enfermedad del gusano de seda; en 1873 la Sociedad Francesa de Aliento, un premio de 12.000 francos; La Sociedad Rusa de Economía Rural, una medalla (1882); la medalla de (1882) el Premio Bressa;5000 (Academia de Turín,1888); el Gobierno Francés, una pensión anual de 12.000 francos (1874) incrementada en 1883 en 25.000 francos y además todos los grados de la Legón de Honor, le fueron conferido por Rusia, Dinamarca, Gracia, Brasil, Suiza, Turquía, Noruega y Portugal. Oxford le concedió un D.C.I., Bonn, un honorario M.D., la English Royal Society, miembro extranjero y la Academia Francesa, su miembro (1881). Fue nombrado Secretario Perpetuo de la Academia de Ciencias en 1887. Un celebración magnífica tuvo lugar con motivo de su jubilación a los70 años, 27 de Diciembre, 1892, a cuya contribución llegaron enviados de todos los países civilizados y todas las grandes instituciones docentes.

MURIO CON UN ROSARIO EN LA MANO Y OYENDO VIDA DE S.VICENTE PAULLa Fe de Pasteur era tan genuina como su ciencia. En su panegírico de Littré, cuya fauteuil tomó, afirmó:
“Feliz el hombre que lleva dentro una divinidad, un ideal de belleza y lo obedece; y un ideal de arte, y un ideal de ciencia; y un ideal de país y un ideal de las virtudes del Evangelio”.

Estas palabras están gravadas sobre su tumba en el Instituto Pasteur. En sus cartas escribía: “Estos son los manantiales vivos de los grandes pensamientos y de las grandes acciones. Todo se transforma claramente desde el Infinito”.

Declaraba :”Cuánto más conozco, tanto más cerca está mi fe de la de un campesino Bretón. Quisiera conocerlo todo y desearía la fe de una campesina Bretona”. Lo que el nunca habría comprendido, sobre todo, es el fracaso de los científicos a reconocer la demostración de la existencia de Dios presente en el mundo que nos rodea.

Murió con su rosario en sus manos, después de escuchar la vida de San Vicente de Paúl, había suplicado que se la leyesen, pensaba que con su trabajo como el de San Vicente podría hacer mucho para salvar a los niños que sufrían.

Las principales obras de Pasteur son: “Etudes sur le vin”, (1866); “Etudes sur le Vinnaigre » (1868) « Etudes sur la Maladie des Vers á Soie » (2vols.,1870) ; « Quelques Réflexions sur la Science en France » (1871) ; Etudes sur la Biére »(1876) ; « Les Microbes organiosés, leur rôles dans la Fermentation, la Putrefaction et la Contagion » (1878) « Discours de Réception de M.L., Pasteur á l´Academie Française »(1882) « Traitement de la Rage » (1886).

VLLERY-RADIOT, Life of Pasteur (tr. New York, 1902); DUCLAUX, Pasteur: Histoire d´un esprit (Paris,1896); VIRCHOW, Berl. Klin, Wochenchr. (1895), 947; FRANKLAND, Pasteur (New York, 1900); HERTER, Influence of Pasteur on Medical Science (New York,1904); Jubile´ de M.Pasteur (1822-1892), (Paris,1893); WALSH, Makers of Modern Medicine ( New York,1907).
JAMES J. WALS Transcrito por Thomas M. Barret

Salve usted a mi hijo, Monsieur Pasteur!
Publicado el 5 de Febrero de 2007 en Historias de la ciencia por omalaled

El 6 de Julio de 1885, una mujer llegó llorando con su hijo de 9 años al laboratorio donde investigaba Louis Pasteur. El chico se llamaba Joseph Meister y había había sido mordido dos días antes por un perro rabioso en 14 sitios diferentes. De puro dolor, casi no podía andar y su muerte en breve plazo estaba prácticamente asegurada.

¡Salve usted a mi hijo, Monsieur Pasteur! – rogaba insistentemente aquella madre.
Pasteur había probado un remedio en animales pero jamás en personas. ¿Debía inocular aquel remedio al muchacho o no? Gran dilema. Pero antes de continuar, he de poneros en precedentes. Vamos al principio de nuestra historia de hoy, 3 años antes, en 1882.

Pues bien, por aquel año trajeron al laboratorio de Pasteur un perro rabioso bien atado y con gran riesgo para todos. Fue introducido en una gran jaula donde había varios perros sanos para que los mordiese. Por otro lado, Emile Roux y Charles Chamberland sacaron baba de la boca del furioso animal, la inyectaron a conejos y conejillos de Indias, y esperaron que hicieran su aparición los primeros síntomas de la rabia.

El experimento tuvo éxito unas veces, pero otras muchas no, de cuatro perros sanos mordidos, dos amanecieron, seis semanas después, recorriendo furiosos la jaula y aullando, y, en cambio, transcurrieron meses sin que los otros dos presentasen el menor síntoma de hidrofobia al igual que con los conejillos de Indias. Dos conejos empezaron a arrastrar las patas traseras y terminaron muriendo en medio de horribles convulsiones, mientras que otros cuatro siguieron tranquilamente royendo las hortalizas. En el proceso no había ritmo, ni medida, ni regularidad.

La rabia es una de las enfermedades que más espanto han producido a la humanidad. Pasa al ser humano a través de la saliva en las mordeduras. Afecta al sistema nervioso provocando espasmos musculares dolorosísimos y posterior parálisis que, al llegar a los músculos que permiten la respiración, conduce a la muerte. Cuando quedan afectados los músculos de la boca y cuello hacen imposible cualquier deglución y resulta extraordinariamente dolorosa. Por eso, los animales que la padecen aparecen con la boca llena de saliva espumosa y rehuyen la ingestión de agua. De ahí que se la conozca también como hidrofobia (odio al agua). La cura en aquellos tiempos consistía en un hierro candente en la herida que dejaba la huella en la carne de por vida. Y sólo quedaba esperar.

Desde la inoculación por la mordedura hasta la aparición de los síntomas, hay un período de tiempo en función de lo lejos que haya sido la mordedura de la cabeza, puesto que el virus va por los nervios hasta llegar al cerebro. Durante ese tiempo todavía se puede actuar. Una vez aparecidos los síntomas era mortal en todos los casos incluso hoy en muchos a pesar de los avances médicos.

La rabia es un virus y no se podía ver al microscopio óptico. ¿Cómo detectar dónde estaba? Pasteur pensó que, por los síntomas, tenía que atacar al sistema nervioso y era allí donde había que buscarlo. Si se inyectaba bajo la piel el virus podía extraviarse antes de llegar al cerebro y para comprobarlo había que inyectarlo directamente en el cerebro. Había que hacer un pequeño agujero en el cráneo de un perro e inocularlo sin causarle daños. Roux le dijo que no había problema, pero Pasteur se negó a hacer ese experimento:

– Pero ¿qué me está diciendo? ¡Taladrar el cráneo a un perro! Le haría un daño tremendo al pobre bicho, y además, le estropearía el cerebro, le dejaría usted paralítico. ¡No! ¡No puedo consentirlo!
Suerte que, para Pasteur y la humanidad, Roux fue desobediente. Aprovechando una ocasión en que nuestro héroe tuvo que salir del laboratorio para asistir a una reunión, anestesió un perro sano con cloroformo, le hizo un pequeño agujero en la cabeza, puso en una jeringuilla una pequeña cantidad de cerebro machacado de un perro recién muerto de rabia, y por el agujero practicado en el cráneo del perro anestesiado metió la aguja de la jeringuilla y lentamente inyectó la mortífera substancia rábica.

A la mañana siguiente Roux contó a Pasteur lo que había hecho. Aún no habían transcurrido dos semanas, cuando el pobre animal empezó a lanzar aullidos lastimeros, a desgarrar la cama y a morder los barrotes de la jaula muriendo a los pocos días. Ahora tenían una forma segura de inocular la rabia.

Un día, uno de los perros inoculados con la substancia procedente del cerebro virulento de un conejo, dejó de ladrar, de temblar y, milagrosamente, se puso bien por completo. Pocas semanas más tarde, inyectaron en el cerebro a este mismo animal, una nueva dosis. La pequeña herida de la cabeza sanó rápidamente; Pasteur vigilaba muy atentamente pero durante meses enteros el perro siguió viviendo, juguetón, en su jaula. Fue el primer animal que había sobrevivido a los efectos del virus fatal, Estaba inmunizado por completo.

En aquel momento abrió los ojos: cuando un animal había estado rabioso y curado, no volvía a recaer. Ahora tenían que encontrar el modo de atenuar el virus. Sus ayudantes dijeron que sí a todo lo que propuso el maestro, aunque estaban perfectamente seguros de que no existía manera de poder atenuar el virus. Pero el tesón de Pasteur pudo con ellos. Descubrieron que si ponían a secar durante catorce días, en un matraz especial a prueba de microbios, un pequeño fragmento de médula espinal de un conejo muerto de rabia; al inyectarlo en el cerebro de perros sanos, estos no morían. Luego, pusieron a secar otros fragmentos de la misma substancia virulenta, durante doce, diez, ocho, seis días, y ver si podían contagiar a los perros nada más que un poco de hidrofobia.

Tal como los perros así tratados saltaban y olfateaban en sus jaulas sin dar señales de anormalidad alguna, los otros que no habían recibido las catorce dosis preventivas de cerebro desecado de conejo, lanzaban los postreros aullidos y morían rabiosos. Pasados tres años, Pasteur escribía a su amigo Jules Vercel:

Ni uno solo de mis perros ha muerto a consecuencia de la vacuna. Todos los mordidos han quedado perfectamente protegidos. Tiene que suceder lo mismo con las personas, tiene, pero … me siento muy inclinado a empezar conmigo mismo, a inocularme la rabia y tener después las consecuencias, porque empiezo a tener mucha confianza en los resultados.

Y aquí es cuando llegó la madre del principio de nuestra historia.
– ¡Salve usted a mi hijo, Monsieur Pasteur!

Pasteur le dijo que volviera aquella misma tarde a las cinco. Fue a ver a dos médicos, grandes admiradores suyos, Vulpian y Grancher, que habían estado en el laboratorio y sido testigos de cómo podía preservar de la rabia a los perros gravemente mordidos. Por la tarde fueron al laboratorio para examinar al niño mordido, y al ver Vulpian las sangrientas desgarraduras, dijo:

– Empiece usted. Si no hace usted algo, es casi seguro que el niño muera.
Y en aquella tarde del 6 de julio de 1885, fue hecha a un ser humano la primera inyección de microbios atenuados de hidrofobia. Consistía en extractos de médula espinal de conejos conservada en un frasco abierto durante 15 días. Se le aplicaron otras 12 inoculaciones en los 10 días siguientes con extractos de virulencia progresivamente mayor. Día tras día, el pequeño Joseph Meister soportó las restantes inyecciones.

El muchacho jamás presentó el menor síntoma de la espantosa enfermedad.
Una vez que salió indemne de la prueba, Pasteur perdió el miedo y dijo al mundo que estaba dispuesto a defender de la hidrofobia a todos sus habitantes. El 26 de octubre de 1885 leyó ante la Academia de Ciencias “Un método para prevenir la rabia después del mordisco”. El mundo no tardó en aprovecharse de su descubrimiento. Muchas personas pasaron por el laboratorio de la rué d’Ulm. Los encargados del laboratorio no paraban de preparar cultivos y más cultivos para las inyecciones y hubo que suspender todo trabajo de investigación en aquellas series de habitaciones pequeñas y abarrotadas, mientras Pasteur, Roux y Chamberland iban clasificando muchedumbres políglotas de mutilados que en una veintena de lenguas diferentes suplicaban:

– ¡Pasteur, sálvanos!

Un total de 2.500 víctimas de mordeduras recibieron la vacuna en los 15 meses siguientes.

Todo el mundo reconoció abiertamente sus méritos. Empezó a llegar dinero en sumas que alcanzaron millones de francos para contribuir a la construcción de un laboratorio donde Pasteur pudiera disponer de todo el material necesario y seguir la pista a otras enfermedades. Los trabajos empezaron inmediatamente. El arquitecto se negó a percibir los honorarios y los constructores sólo aceptaron el pago de los gastos. El laboratorio fue construido pero nuestro héroe tenía entonces 63 años y salvar esas vidas liberó la tensión que había acumulado durante cuarenta años de incesante investigación.

Y no era para menos. Os recuerdo que durante su vida aclaró a Biot el problema de la polarización del ácido racémico, introdujo la pasteurización para salvar a los viticultores franceses; postuló la existencia de los gérmenes vapuleando a la generación espontánea; salvó a Francia del problema de su industria de la seda; tuvo un ataque de parálisis casi a los 50 años que había estado a punto de acabar con él y aun así quiso alistarse como voluntario para la guerra de Francia contra Prusia pero, como no le dejaron, observó las peligrosas condiciones de los hospitales militares y utilizó su fama para conseguir que los médicos, enfrentándose públicamente a ellos, hirviesen sus instrumentos y pasaran las vendas por vapor para matar los gérmenes y prevenir las muertes por infección recordándonos las enseñanzas de Semmelweis; obtuvo vacunas eficaces contra el cólera de los pollos, el carbunco y la erisipela del cerdo; estableció unos métodos de trabajo para la investigación bacteriológica rigurosos, exigentes y exactos que han permitido seguir con los estudios en este campo sin superar sus fundamentos. La era de las vacunaciones y antibiótica son gracias a él, así que ya sabéis a quién dar las gracias por vuestra salud y bienestar. De hecho, más de 40 enfermedades contagiosas son curables hoy día como resultado directo de los métodos que dijo. Por si fuera poco, se la jugó una vez más para salvarnos a todos de la rabia. Y todo esto en una sola vida.
En 1888 finalizó la construcción del Instituto Pasteur para curar casos de rabia. Se inauguró el 14 de noviembre de aquel año. Pasteur no pudo pronunciar una sola palabra en la ceremonia de inauguración e hizo que la leyera su hijo mientras él se secaba las lágrimas. Hoy día es el centro más famoso del mundo en investigaciones biológicas y trabajan científicos de todas las nacionalidades. Allí se han desarrollado numerosas vacunas y se continúa en el estudio de virus y microbios intentando controlar miles de enfermedades. Uno de los últimos logros de estos laboratorios fue el hallazgo del VIH, causante del SIDA, por parte de Luc Montagnier.

El día en que cumplió 70 años fue declarado el hijo más insigne de Francia en una celebración con carácter de fiesta nacional que tuvo lugar en la Sorbonne. Asistieron todos sus estudiantes y discípulos. Pasteur entró al recinto del brazo del Presidente de la República mientras la guardia republicana tocaba una marcha triunfal. El ministro de Instrucción Pública, M.Charles Dupuy, tomó la palabra y después de enumerar los trabajos de Pasteur, agregó:

¿Quién puede valorar en este instante lo que la humanidad os debe y lo que os deberá con el tiempo?. Hasta Joseph Lister se trasladó expresamente desde Inglaterra al evento para decirle: Usted ha levantado el velo que cubrió a las enfermedades infecciosas durante siglos; usted ha descubierto y demostrado su naturaleza microbiana.

El gran hombre estaba muy débil para hablar a los delegados que habían llegado de todas partes del mundo. Volvió a ser su hijo quien leyera el discurso, en el que expresaba su creencia invencible de que la ciencia y la paz triunfarían sobre la ignorancia y la guerra, así como su fe de que el futuro no pertenecería a los conquistadores, sino a los salvadores de la humanidad. Lástima que en este punto estuviera equivocado pensando que las generaciones venideras serían mejores.

Louis Pasteur murió en 1895, en una modesta casa próxima a las perreras donde conservaba los perros rabiosos; en Villenueve l’Etang, a las afueras de París.

Su fin fue el de un católico ferviente, el de un místico, tal como lo había sido toda su vida: un crucifijo en una mano y la otra estrechada por madame Pasteur, su colaborador más paciente, más desconocido y más importante. En torno del lecho se agrupaban Roux, Chamberland y otros investigadores a los que había inspirado; hombres que habían arriesgado la vida ejecutando fantásticas correrías contra la muerte, y que, de ser posible, hubieran dado sus propias vidas ahora para salvar la del maestro. Sus últimas palabras fueron: “Uno debe trabajar, uno debe trabajar. Hice lo que pude”. Impresionante.

Su funeral fue el propio de un jefe de estado en la Catedral de Notre Dame. En su lápida se leen hoy sus palabras: Feliz aquel que lleva consigo un ideal, un Dios interno, sea el ideal de la patria, el ideal de la ciencia o simplemente las virtudes del Evangelio.

Es dudoso que en toda la historia de la humanidad haya otro científico haya sido honrado de esa manera. Hasta la profesión médica que tanto se había molestado por ser un “simple químico” le ofreció homenaje. Y no podría hacer otra cosa: aplicando sus métodos antisépticos la mortalidad descendió en los hospitales en un 55% y los de maternidad también de forma espectacular. Está reconocido como uno de los científicos más grandes de la Historia. Y ya sé que las comparaciones son odiosas pero si queréis hacerlo, en lo que a ciencias biológicas se refiere, tendréis que tirar de gigantes de la talla de Aristóteles o Darwin.

Joseph Meister, el niño al que había salvado, creció y acabó trabajando de portero de dicho Instituto en cuyos sótanos estaba enterrado el gran hombre que le había salvado la vida de niño. En 1940, con 64 años y siendo todavía portero, los nazis tomaron París. Por curiosidad, un oficial nazi le ordenó que abriese la cripta de Pasteur. Antes que hacerlo prefirió suicidarse.

Te animo a que te intereses por esos dominios sagrados llamados expresivamente laboratorios. Ten en cuenta que son los templos del futuro, la salud y el bienestar. En ellos la humanidad crecerá, se fortalecerá y mejorará. Allí, la humanidad aprenderá a progresar entendiendo la armonía de la naturaleza, evitando así su tendencia hacia la barbarie, el fanatismo y la destrucción (Louis Pasteur).

Fuentes:
“Cazadores de microbios”, Paul de Kruif
“La tragedia de la Luna”, Isaac Asimov
“Historias curiosas de la medicina”, José Ignacio de Arana
“Enciclopedia Biográfica de Ciencia y Tecnología (Tomo II)”, Isaac Asimov
“Arquitectos de ideas”, Ernest R. Trattner

Trabajos sobre la fermentación Tras pasar varios años investigando e impartiendo clases en Dijon y Estrasburgo, en 1854 Pasteur marchó a la Universidad de Lille, donde fue nombrado catedrático de química y decano de la facultad de ciencias. Esta facultad se había creado, en parte, como medio para aplicar la ciencia a los problemas prácticos de las industrias de la región, en especial a la fabricación de bebidas alcohólicas. Pasteur se dedicó de inmediato a investigar el proceso de la fermentación. Aunque su convicción de que la levadura desempeñaba algún tipo de papel en este proceso, no era original, logró demostrar, gracias a sus anteriores trabajos sobre la especificidad química, que la producción de alcohol en la fermentación se debe, en efecto, a las levaduras y que la indeseable producción de sustancias (como el ácido láctico o el ácido acético) que agrian el vino se debe a la presencia de organismos como las bacterias. La acidificación del vino y la cerveza había constituido un grave problema económico en Francia; Pasteur contribuyó a resolver el problema demostrando que era posible eliminar las bacterias calentando las soluciones azucaradas iniciales hasta una temperatura elevada.

Pasteur hizo extensivos estos estudios a otros problemas, como la conservación de la leche, y propuso una solución similar: calentar la leche a temperatura y presión elevadas antes de su embotellado. Este proceso recibe hoy el nombre de pasteurización.

Refutación de la generación espontáneaPlenamente consciente de la presencia de microorganismos en la naturaleza, Pasteur emprendió una serie de experimentos diseñados para hacer frente a la cuestión de la procedencia de estos gérmenes. ¿Se generaban de forma espontánea en las propias sustancias o penetraban en ellas desde el entorno? Pasteur llegó a la conclusión de que la respuesta era siempre la segunda. Sus descubrimientos dieron lugar a un feroz debate con el biólogo francés Félix Pouchet -y posteriormente con el reputado bacteriólogo inglés Henry Bastion- que mantenía que, en las condiciones apropiadas, podían darse casos de generación espontánea. Estos debates, que duraron hasta bien entrada la década de 1870, a pesar de que una comisión de la Academia de Ciencias aceptó oficialmente los resultados de Pasteur en 1864, dieron un gran impulso a la mejora de las técnicas experimentales en el campo de la microbiología.

Estudios sobre el gusano de seda
En 1865 Pasteur salió de París, donde era administrador y director de estudios científicos de la École Normale, en auxilio de la industria de la seda del sur de Francia. La enorme producción de seda del país se había visto muy afectada porque una enfermedad del gusano de seda, conocida como pebrina, había alcanzado proporciones epidémicas. Al sospechar que ciertos objetos microscópicos hallados en los gusanos enfermos (y en las mariposas y sus huevos) eran los organismos responsables de la enfermedad, Pasteur experimentó con la cría controlada y demostró que la pebrina no sólo era contagiosa, sino también hereditaria. Llegó a la conclusión de que la causa de la enfermedad sólo sobrevivía en los huevos enfermos vivos, por tanto, la solución era la selección de huevos libres de la enfermedad. Merced a la adopción de este método, la industria de la seda se salvó del desastre.

Teoría de los gérmenes como causa de enfermedades
Los trabajos de Pasteur sobre la fermentación y la generación espontánea tuvieron importantes consecuencias para la medicina, ya que Pasteur opinaba que el origen y evolución de las enfermedades eran análogos a los del proceso de fermentación. Es decir, consideraba que la enfermedad surge por el ataque de gérmenes procedentes del exterior del organismo, del mismo modo que los microorganismos no deseados invaden la leche y causan su fermentación. Este concepto, llamado teoría microbiana de la enfermedad, fue muy debatido por médicos y científicos de todo el mundo. Uno de los principales razonamientos aducidos en su contra era que el papel desempeñado por los gérmenes en la enfermedad era secundario y carecía de importancia; la idea de que organismos diminutos fueran capaces de matar a otros inmensamente mayores le parecía ridícula a mucha gente. No obstante, los estudios de Pasteur mostraban que estaba en lo cierto, y en el transcurso de su carrera hizo extensiva esta teoría para explicar las causas de muchas enfermedades.

La investigación sobre el carbunco
Pasteur desveló también la historia natural del carbunco, una enfermedad mortal del ganado vacuno. Demostró que el carbunco está causado por un bacilo determinado y sugirió que era posible inducir una forma leve de la enfermedad en los animales vacunándoles con bacilos debilitados, lo que les inmunizaría contra ataques potencialmente letales. Con el fin de demostrar su teoría, Pasteur empezó inoculando 25 ovejas; pocos días más tarde inoculó a éstas y otras 25 un cultivo especialmente poderoso, y dejó sin tratamiento a 10 ovejas. Predijo que las segundas 25 ovejas perecerían y concluyó el experimento de forma espectacular mostrando a una multitud escéptica los cadáveres de las mismas dispuestas una junto a la otra.

La vacuna contra la rabia

Pasteur dedicó el resto de su vida a investigar las causas de diversas enfermedades -como la septicemia, el cólera, la difteria, el cólera de las gallinas, la tuberculosis y la viruela- y su prevención por medio de la vacunación. Es especialmente conocido por sus investigaciones sobre la prevención de la rabia, llamada también hidrofobia en la especie humana. Tras experimentar con la saliva de animales afectados por la enfermedad, Pasteur llegó a la conclusión de que la enfermedad residía en los centros nerviosos: inyectando un extracto de la médula espinal de un perro rabioso a animales sanos, éstos mostraban síntomas de rabia. Estudiando los tejidos de animales infectados, sobre todo de conejos, Pasteur consiguió desarrollar una forma atenuada del virus que podía emplearse en inoculaciones.

En 1885 llegaron al laboratorio de Pasteur un muchacho y su madre. El joven había sufrido graves mordeduras de un perro rabioso y su madre le pidió a Pasteur que le tratara con su nuevo método. Al final del tratamiento, que duraba diez días, el muchacho estaba siendo inoculado con el virus de la rabia más potente que se conocía; se recuperó y conservó la salud. Desde entonces, miles de personas se han salvado de la enfermedad gracias a este tratamiento.

Las investigaciones de Pasteur sobre la rabia inspiraron la creación, en 1888, de un instituto especial para el tratamiento de la enfermedad en París. Este acabó llamándose Instituto Pasteur, y fue dirigido por el propio Pasteur hasta su muerte. (El Instituto sigue adelante y es uno de los centros más importantes del mundo para el estudio de enfermedades infecciosas y otros temas relacionados con los microorganismos, incluyendo la genética molecular). Cuando le llegó la muerte en St. Cloud el 28 de septiembre de 1895, Pasteur era ya considerado un héroe nacional y había recibido todo tipo de honores. Se celebró un funeral propio de un jefe de estado en la catedral de Notre Dame y su cuerpo fue inhumado en una cripta en el instituto que lleva su nombre

LA SALVACIÓN DE JOSEPH MEISTER

En julio de 1885 se le presentó a Pasteur el caso de Joseph Meister, un pastorcito de 9 años de edad que había sido atacado por un perro rabioso en una aldea de Alsacia, Francia, donde vivía. El médico del lugar temió por su vida y decidió enviarlo a París para que lo examinara el famoso químico.
Pasteur quedó impresionado por las 12 o mas mordeduras profundas que el niño mostraba en manos y piernas. Ese mismo día el doctor Jacques Grancher, colega de Pasteur, le inyectó a Joseph líquido cefalorraquídeo tomado de la médula espinal de un conejo que había muerto de rabia 15 días antes. Joseph —que llegó acompañado de su madre— fue llevado al alojamiento que le había conseguido Pasteur, y entonces se inició una prolongada y angustiosa espera cada día le administraban una inyección más potente al niño.
“En los últimos días del tratamiento”, escribió después Pasteur, “le inoculé el germen más virulento que pude obtener: el de un perro… Mi justificación era la experiencia que había tenido con 50 perros rabiosos. Una vez que se ha adquirido la inmunidad, hasta el peor virus se puede inyectar sin efectos dañinos.’
Al cabo de dos semanas y aún sin resolverse el destino de Joseph, Pasteur no pudo soportar más la espera y se tomó unas breves vacaciones en la provincia de Borgoña. “Viví cada día con el temor de recibir un telegrama que me dijera que había ocurrido lo peor, escribiría después.

Pero el telegrama nunca llegó y Pasteur regresó a París para enterarse de que el niño se había recuperado por completo. Durante los 18 meses siguientes, unas 2.500 personas fueron curadas por Pasteur con el mismo tratamiento, tras haber sido mordidas por animales rabiosos. Sobrevivieron todas menos diez.
Además de proveer un remedio para combatir la rabia, la labor de Pasteur abrió camino a la inmunología. Gracias a las vacunas hoy día es posible prevenir unas 30 enfermedades invalidantes o mortales, entre ellas el sarampión, la poliomielitis y la difteria. En 1888 se inauguró en París el Instituto Pasteur, en parte para emprender más investigaciones destinadas a la prevención y el tratamiento de la temible hidrofobia. A pesar de una apoplejía que lo dejó semiparalizado, el ya famoso químico dirigió dicha institución hasta su muerte, el 28 de septiembre de 1895. Fue sepultado en una magnífica tumba de mármol dentro del Instituto, cuyo epitafio él mismo había dictado.

RESUMEN DE SUS DESCUBRIMIENTOS:
1- Estableció en 1847 que la cristalografía simétrica es propia de los minerales, mientras que los materiales orgánicos desarrollan cristalografías asimétricas.
2- Descubrió la vida anaeróbica y de allí explicó la gangrena.
3- Estudió y manejó en 1855, la fermentación anaeróbica como clave de la industria del vino.
4- Desarrolló la ‘Pasteurización por calor que destruye los microbios sin afectar los alimentos.
5- Demostró que la generación espontánea no existe, y que existen los microbios, con lo que dio el golpe final a las teorías científicas aristotélicas.
6- Mostró que los microbios son distintos entre si, se nutren de distintos alimentos y responden a distintos bactericidas.
7- Descubrió que formas atenuadas de microbios pueden usarse para generar inmunidad, tema en el que completó los trabajos de 1798 del británico Edward Jenner (1749-1823) sobre vacunas y protección contra la viruela.
8- Impuso normas higiénicas en los hospitales para evitar el contagio de enfermedades, asumiendo la existencia de los microbios.
9- Hizo posible la industria de la seda en Francia, resolviendo en 1865 las enfermedades de los gusanos productores.
10- Encontró que la rabia se transmite por algo que no es visible al microscopio (virus) y creó su vacuna en 1885.
11- Encontró la cura para el Ántrax del ganado y el cólera de las aves.
12- Creó el “Instituto Pasteur” para enfermedades infecciosas, inaugurado por el presidente de Francia Sadi Carnot en 1888, que hoy es centro mundial de investigaciones; en su discurso inaugural, dijo: Insto a Uds a interesarse en los sagrados dominios de los laboratorios, que son los templos del futuro. Allí es donde la humanidad crecerá y se fortalecerá”.


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