Benedicto XVI primer papa que responde en directo via satélite

27/02/2013 | Publicado por: Omar França | Categoría: Debates y Polémicas

Benedicto XVI primer papa que se anima a responder en directo via satélite: para la esperanza
El Papa responde: paz, tolerancia, libertad, valor de la vida y el dolor humanos, testimonio, oración, María y lo que nos revela y ofrece Cristo, en su humanidad y divinidad, con su muerte y resurrección.
Benedicto XVI responde a los ciudadanos en televisión

REDACCIÓN HO.- Reproducimos integro a continuación las preguntas y respuestas formuladas en el histórico programa de la RAI El Papa responde, donde por primera vez un Pontífice ha respondido en televisión a las preguntas que le han formulado los ciudadanos. Siete preguntas, el día de Viernes Santo, siete grandes reflexiones, cuando la Iglesia vive las siete palabras de la Cruz.

La primera pregunta es la de una niña japonesa de 7 años, Yelena: “¿Por qué los niños tienen que sufrir tanta tristeza? Le pido al Papa, que hablas con Dios, que me lo expliques”.
Benedicto XVI: Querida Yelena, te saludo de corazón. A mí también me vienen las mismas preguntas. ¿Por qué es así? ¿Por qué vosotros tenéis que sufrir tanto, mientras otros viven cómodamente? Y no tenemos respuesta, pero sabemos que Jesús ha sufrido como vosotros, inocentes, que Dios verdadero se muestra en Jesús que está a vuestro lado. Y esto es muy importante, a pesar de que no tenemos respuesta; si la tristeza continúa, Dios está a vuestro lado. Y tenéis que estar seguro de que esto os ayudará. Y un día podremos comprender por qué han sido así las cosas.

En este momento me parece importante que sepáis: ‘Dios me ama’, aunque me parezca que ‘no me conoce’. No, me ama, está a mi lado. Y tenéis que estar seguros de que en el mundo, en el universo hay tantas personas que están a vuestro lado, que piensan en vosotros, que hacen todo lo que pueden para ayudaros, y sed conscientes de que un día comprenderéis que este sufrimiento no era una cosa vacía, no era inútil, sino que detrás del sufrimiento hay un precepto bueno, un precepto d amor. No es una casualidad. Siéntete segura, estamos a tu lado, al lado de todos los niños japoneses que sufren. Queremos ayudaros con la oración, con nuestros actos, y debéis estar seguros de que Dios os ayuda, y de esta manera rezamos juntos para que la luz os llegue a vosotros cuanto antes.

La segunda pregunta nos pone delante de un Calvario: una madre que esta junto a la cruz de un hijo. Es italiana, se llama María Teresa, y pregunta: “Su santidad, ¿el alma de mi hijo Francesco, en estado vegetativo desde el Día de Pascua de 2009, ha abandonado su cuerpo, visto que está totalmente inconsciente, o está todavía en él?

Benedicto XVI: Ciertamente el alma está todavía presente en el cuerpo. La situación es un poco como la de una guitarra que tiene las cuerdas rotas y no se puede tocar. Así también el instrumento del cuerpo es frágil, vulnerable, y el alma no puede tocar, por decirlo de alguna manera, pero sigue presente. Yo estoy seguro de que el alma escondida siente en profundidad vuestro amor, a pesar de que no comprende los detalles, las palabras, etc. Pero siente la presencia del amor.
Y por eso esa presencia vuestra, queridos padres, querida mamá, junto a él horas y horas cada día es un verdadero acto de amor muy valioso, porque esta presencia entra en la profundidad de nuestra alma escondida y vuestro acto es un testimonio de fe en dios y en el hombre, de compromiso en defensa de la vida, de respeto por la vida humana incluso en las situaciones más trágicas. Por eso os animo a que sigáis, sabiendo que hacéis un gran servicio a la humanidad con este signo de confianza y de respeto por la vida, con este amor por un cuerpo lacerado y un alma que sufre.

La tercera pregunta nos lleva a Iraq, entre los jóvenes de Bagdad. Cristianos perseguidos que le envían esta pregunta: “Saludamos al Santo Padre desde Irak. Nosotros, cristianos de Bagdad, somos perseguidos como Jesús. Santo Padre: ¿de qué modo podemos ayudar a nuestra comunidad cristiana para que reconsidere el deseo de emigrar a otros países, convenciéndoles de que marcharse no es la solución?
Benedicto XVI: En primer lugar quisiera saludar con todo el corazón a nuestros hermanos, y quiero deciros que rezo cada día por Iraq, por nuestros hermanos que sufren, como en otras partes del mundo, y por eso están tan cercanos a Nuestro corazón. Tenemos que hacer todo lo posible, en la medida de nuestras posibilidades, para que puedan resistir a la tentación de emigrar, que es muy comprensible ante las condiciones que viven, Yo les diría que estamos cerca de vosotros, queridos hermanos de Irak; que queremos ayudaros y cuando vengáis recibiros como hermanos. Y naturalmente las instituciones, todos los que tengan posibilidades de hacer algo por Irak, por vosotros, deben hacerlo.

La Santa Sede está en permanente contacto con las distintas comunidades, no sólo las católicas, sino también con todas las demás comunidades cristianas, con los hermanos musulmanes, sean chiítas o sunitas. Queremos hacer un trabajo de reconciliación y comprensión, también con el Gobierno, ayudando en este camino difícil de recomponer esta sociedad desgarrada.

Porque este es el problema: que la sociedad está profundamente dividida, lacerada, ya no tienen esa conciencia. De ser en la diversidad un pueblo con una historia común en la que cada uno tiene su sitio. Tienen que reconstruir esa conciencia, que en la diversidad tienen una historia común, una común determinación, y nosotros queremos, en diálogo precisamente con los distintos grupos, ayudar al proceso de la reconstrucción y animaros vosotros, queridos cristianos de Irak, a sentir confianza, a tener paciencia, a tener confianza en Dios, a colaborar en este difícil proceso. Tener la seguridad de nuestra oración.

La cuarta pregunta es de una mujer musulmana de Costa de Marfil, país marcado por la violencia étnica y religiosa alimentada por la guerra civil, que comienza con un saludo habitual en árabe, “Que Dios esté en medio de todas las palabras que nos decimos y que Dios esté contigo” . La pregunta señala: “Querido Santo Padre. Aquí, en Costa de Marfil, hemos vivido siempre en armonía entre cristianos y musulmanes, a menudo las familias están formadas por miembros de ambas religiones. Existe también una diversidad de etnias, pero nunca hemos tenido problemas. Ahora todo ha cambiado. La crisis que vivimos causada por la política está sembrando divisiones. ¡Cuántos inocentes han perdido la vida! ¡Cuántos huidos! ¡Cuántas madres y cuántos niños traumatizados! Los mensajeros han exhortado a la paz, los profetas han exhortado a la paz, Jesús es un hombre de paz. Usted, en cuanto a embajador de Jesús, ¿qué aconsejaría a nuestro país?

Benedicto XVI: quiero contestar al saludo: Que Dios esté contigo y te ayude siempre. Tengo que decir que he recibido cartas desgarradoras desde Costa de Marfil. Veo toda la tristeza, la profundidad del sufrimiento… Me quedo triste porque podemos hacer tan poco… Sí podemos hacer algo: orar con vosotros y en la medida de lo posible hacer obras de caridad. Sobre todo queremos colaborar según nuestras posibilidades en los contactos políticos y humanos. Le he pedido al cardenal Turkson, que es el presidente de nuestro Consejo de Justicia y Paz, que vaya a Costa de Marfil e intente mediar, hablando con los distintos grupos y personas para facilitar un nuevo comienzo. Y sobre todo, queremos hacer oír la voz de Jesús, que usted ve como profeta, que siempre ha sido un hombre de la Paz.

Se podría pensar cuando Dios vino a la tierra que sería un hombre de fuerza, que destruiría potencias adversarias, de una fuerza violencia como instrumento de paz… Nada de eso. Vino débil, vino solo con la fuerza del amor. Totalmente sin violencia, hasta ir a la cruz. Cristo nos muestra el verdadero rostro de Dios, y que la violencia nunca viene de Dios, ni nunca ayuda a producir cosas buenas, sino que es un medio destructivo. No es el camino para salir de las dificultades. Cristo es una fuerte voz contra todo tipo de violencia. Invito fuertemente a todas las partes a renunciar a la violencia. A buscar las vías de la paz. No podéis imaginar la recomposición de vuestro pueblo usando medios violentos, aunque penséis que tenéis razón. La única vía es la renuncia a la violencia. Recomenzad con el diálogo los intentos de encontrar juntos la paz. Una nueva disponibilidad de abrirse los unos a los otros…

Ese, querida señora, es el verdadero mensaje de Jesús. Buscad la paz con los medios de la paz y abandonad la violencia, nosotros rezamos para que todos en vuestra sociedad sientan esta voz de Jesús y vuelva la paz y la comunión.

La quinta pregunta, sobre la Muerte y la Resurrección de Cristo, llegaba desde Italia: “Santidad: ¿Qué´ hizo Jesús en el intervalo de tiempo entre su muerte y su resurrección? Ya que en el Credo se dice que Jesús, después de la muerte, descendió a los infiernos, ¿podemos pensar que es algo que nos pasará también a nosotros, después de la muerte, antes de ascender al Cielo?
Benedicto XVI: Naturalmente, no podemos definir el cuerpo glorioso, porque está más allá de nuestra experiencia. En cuanto al viaje del alma, tenemos que tener presente que el alma de Jesús está siempre en contacto con el Padre, y al mismo tiempo este alma humana se extiende hasta los últimos confines del ser humano. En este sentido, va profundamente a los más perdidos, a los que no han llegado a la meta de su vida, y trasciende el continente del pasado.

Estas palabras, del ‘descendimiento a los infiernos’, quieren decir que también el pasado estaba asumido por Jesús. No comienza en el año 0 ó 30 la Redención, sino que va al pasado, abraza el pasado, a todos los hombres de todos los tiempos. Jesús toma de la mano a Adán y eleva a la humanidad para llevarla a lo alto.

Crea el acceso a Dios, porque el hombre no puede llegar a Él. Toma en sus manos al hombre y le abre el acceso a una realidad que nosotros llamamos Cielo.

Este descendimiento a los infiernos, a las profundidades del pasado de la humanidad, es una parte esencial de la misión redentora de Cristo, y no se aplica a nuestra vida, es distinto. Nosotros, tras nuestra muerte, tenemos delante el rostro de Jesús, y esta mirada purificante para todos nosotros, que será en mayor o menor medida según las necesidades de ser limpiados de cada uno de nosotros, nos hace capaces de vivir con Dios, con los santos, con nuestros seres queridos que nos han precedido.

La sexta pregunta profundizaba en el tema de la Resurrección, y la formulaba un médico italiano: “Santidad, cuando las mujeres llegan al sepulcro, el Domingo después de la muerte de Jesús, no reconocen al Maestro, lo confunden con otro. Lo mismo les pasa a los Apóstoles: Jesús tiene que enseñarle las heridas, partir el pan para que le reconozcan, precisamente por sus gestos. El suyo es un cuerpo real, de carne y hueso, pero también un cuerpo glorioso. El hecho de que su cuerpo resucitado no tenga las mismas características que antes, ¿qué significa? ¿Qué significa exactamente ‘cuerpo glorioso’ y la resurrección? ¿Será también así para nosotros?

Benedicto XVI: Naturalmente, no podemos definir el cuerpo glorioso porque está más allá de nuestra experiencia. Sólo podemos interpretar algunos signos que Jesús nos ha dado para poder entender al menos un poco hacia dónde apunta esta realidad. El primer signo: el sepulcro está vacío; es decir, Jesús no abandonó su cuerpo a la corrupción. Nos ha enseñado que también la materia está destinada a la eternidad, que resucitó de verdad, que no ha quedado algo perdido. Jesús asumió la materia, por lo que la materia tiene también la promesa de la eternidad.

Después asumió esta materia en una nueva forma de vida, y este es el segundo punto: Jesús no muere más. Está por encima de las leyes de la Biología o de la Física, porque los sometidos a ellas mueren. Pero lo tanto es una condición nueva, distinta, que no conocemos, porque se revela en lo sucedido a Jesús. Y esta es la gran promesa para todos nosotros de que hay un mundo nuevo, una vida nueva, a la que estamos encaminados. Y estando ya en esta condición, para Jesús es posible que los otros le toquen, puede dar la mano a sus amigos y comer con ellos, pero sin embargo está más allá de las condiciones de la vida biológica, como nosotros lo entendemos.

Sabemos por otra parte que es un hombre real, no un fantasma. Vive con una vida de verdad, pero es una vida nueva que ya no está sujeta a la muerte: esa es nuestra gran promesa. Es importante entender esto, al menos en lo que se pueda, con el ejemplo de la Eucaristía. En la Eucaristía el Señor nos da su cuerpo glorioso. No nos da carne para comer en el sentido biológico: se nos da Él mismo.

Esta es la novedad: que es Él, que entra en nuestro ser, como hombres y mujeres, en mi ser persona, como persona llega a nosotros con su ser, de modo que podemos dejarnos penetrar por su presencia, transformarnos en su presencia. Es un punto importante porque así ya estamos en contacto con esta nueva vida, este nuevo tipo de vida que, ya que Él ha entrado en mí y yo he salido de mí, me extiendo en una nueva dimensión de vida. Pienso que este aspecto de la promesa, de la realidad en la que Él se entrega a mí y me hace salir de mí mismo, me eleva hacia algo más importante. No se trata de descifrar cosas que no podemos entender, sino de encaminarnos hacia la novedad que comienza siempre de nuevo en la Eucaristía.

La séptima y última pregunta la realizaba el presentador del programa televisivo de la RAI: “Santo Padre, la última pregunta es acerca de María. A los pies de la Cruz hay un conmovedor diálogo entre Jesús, su Madre y Juan, en el que Jesús dice a María: ‘He aquí a tu hijo? Y a Juan: ‘He aquí a tu madre’. En su último libro, Jesús de Nazaret, lo define como una disposición final de Jesús. ¿Cómo debemos entender esas palabras? ¿Qué significado tienen en ese momento y cuál hoy en día? Y ya, en este confiar, ¿piensa renovar una consagración a la Virgen en el inicio de este nuevo milenio?

Benedicto XVI: Estas palabras de Jesús son ante todo un acto muy humano. Vemos a Jesús como verdadero hombre, que lleva a cabo un gesto de verdadero hombre, un acto de amor pro su madre confiando la madre al joven Juan para que esté segura. En aquella época una mujer sola se encontraba en una situación muy difícil. Confía a su madre a este joven y a él le confía a su madre. Jesús realmente actuó como un hombre, con un sentimiento profundamente humano. Me parece muy hermoso y muy importante que antes de cualquier teología veamos aquí la verdadera humanidad, el verdadero humanismo de Jesús.

Pero naturalmente este gesto tiene varias dimensiones, no se refiere sólo a ese momento, concierne a toda la historia. En Juan, Jesús confía a todos nosotros, a toda la Iglesia, a todos los futuros discípulos, a su madre, y a su madre le confía a todos nosotros. Y esto se ha cumplido a lo largo de toda la historia, en la medida en que los cristianos han entendido cada vez en mayor medida que la madre de Jesús es su madre, y cada vez más se han confiado más a su madre. Basta pensar en los grandes santuarios de esta devoción a María, donde cada vez más personas sienten que esta es su madre, y cuando alguien tiene dificultad para llegar a Jesús en su grandeza de Hijo de Dios se confían a la madre sin dificultad.

Algo nos dice: `pero esto no tiene fundamento bíblico’. Aquí me gustaría responder, con San Gregorio Magno: A medida que se lee –dice-, crecen las palabras de la escritura: es decir, se desarrollan en la realidad, crecen y cada vez más en la historia se difunde esta palabra. Todos podemos estar agradecidos, porque la madree s una realidad, existe, a todos nos ha sido dada una madre y podemos dirigirnos con mucha confianza a esta madre que, para cada uno de los cristianos, es su madre.

Y por otra parte la madre expresa también a la Iglesia: no podemos ser cristianos solos, con un cristianismo construido según mis ideas. La madre es imagen de la Iglesia, de la madre Iglesia, y si nos confiamos a María también tenemos que confiarnos a la Iglesia, vivir la Iglesia, ser Iglesia con maría.

Y llego al punto de la confianza. Los Papas Pío XII, Pablo VI y Juan Pablo II hicieron un gran acto de consagración a la Virgen María. Y pienso que como gesto ante la humanidad y ante María misma fue muy importante. Yo creo que ahora es importante interiorizar este acto, dejar que nos penetre, para realizarlo en nosotros mismos. Por eso he visitado algunos de los grandes santuarios marianos del mundo: Guadalupe, Lourdes, Fátima, Chestokova, Altötting … Siempre con el fin de concretizar e interiorizar ese acto de consagración para que sea realmente un acto nuestro. Creo que el gran acto público ya se ha hecho, y que algún día habrá que repetirlo. Pero por el momento me parece más importante vivirlo, realizarlo, entrar en esa consagración para hacerla realmente nuestra. Por ejemplo en Fátima me di cuenta como los miles de personas presentes eran conscientes de esta consagración, se habían confiado encarnándola en sí mismos, para sí mismos.

Y esta consagración se hace realidad en la Iglesia viva, y así crece también la Iglesia: se entrega a María, cuando todos nos dejemos penetrar y formar por esa presencia, el entrar en comunión con María, nos hace Iglesia, nos hace junto a María, realmente, esposa de Cristo.

De modo que no tengo intención ahora de realizar una nueva consagración pública. Pero sí quisiera invitar a todos a sumarse a esta consagración que ya está hecha, que la vivamos verdaderamente día tras día y crezca así una Iglesia realmente mariana, que es madre, esposa e hija de Jesús.


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