INTERNACION FORZADA A LOS QUE DUERMEN EN LA INTEMPERIE

25/07/2011 | Publicado por: Omar França | Categoría: Debates y Polémicas

INTERNACION COMPULSIVA DE LOS QUE DUERMEN A LA INTEMPERIE: UNA LEY INMORAL

Recientemente el parlamento uruguayo ha aprobado una ley que permite la internación compulsiva de personas que viven y duermen en lugares públicos.

Considero que esta ley es un abuso de poder por parte del Estado y una violación de los derechos de los individuos a dormir en la intemperie pública sin perjudicar a los demás.

El Estado podría basar una ley de internación compulsiva si se diesen las siguientes circunstancias:

1. La persona no está en su uso de razón (por enfermedad mental, por ejemplo) y no puede decidir por sí misma lo que a sí misma compete.
2. La persona está cometiendo algún tipo de delito o es una flagrante amenaza para la integridad física de otros o de sus propiedades (por ejemplo, porque tienen el propósito de robar, de agredir, etc.).

En consecuencia, si el Estado tiene evidencia de que hay enfermos mentales que viven en la intemperie y están imposibilitados para decidir sobre sí mismos (a causa de esa enfermedad psiquiátrica), podría justificar la aprobación y aplicación de una ley de internación compulsiva para esas personas; no para todas las demás.
Lo mismo podemos decir si hay una muy probable intención de delinquir por parte de quien está durmiendo en lugares públicos.

Ahora bien, dado que en el caso de las personas que duermen en lugares públicos se da la circunstancia 1 o la 2 solo en un cierto porcentaje de casos, pero no en todos (ni siquiera en la amplia mayoría), una ley que obligue compulsivamente a la internación en contra de la voluntad del durmiente a la intemperie, constituye un abuso por parte del Estado que remeda épocas totalitarias cuando se obligaba a los sujetos a cortarse el pelo o a los liceales a no usar barba.

Las objeciones éticas que pueden formularse en contra de esta ley es similar a la objeción que merece cualquier ley que obligara a un Testigo de Jehová a darse sangre de forma coercitiva, o que prohibiese a un pescador artesanal salir a alta mar durante el invierno (porque sus pies se congelan y pueden necrotizarse al cabo de un tiempo determinado) o que impidiese asumir altos riesgos a los deportistas que escalan montañas, o a los que se lanzan con alas delta o paracaídas, o a los corredores de coches a altas velocidades u otros individuos que asumen conductas riesgosas de alcance similar a las mencionadas.

Si nosotros prohibimos que existan personas que, consciente y libremente, opten por dormir en lugares públicos, con el argumento de que debemos proteger sus vidas del posible riesgo de muerte por congelación, tendríamos que prohibir que los ciudadanos condujeran sus coches los fines de semana porque el riesgo de morir es tanto (o más) por fin de semana, que el número de los que podrían morir por congelación en todo un invierno.

Aplicando el mismo criterio ético que asume la ley aprobada por el Parlamento uruguayo, llegaríamos al absurdo de decir que debería prohibirse que hubiese taxistas, policías, guardias de seguridad o comerciantes, debido a que el riesgo de morir a lo largo de doce meses de un año podría ser similar al número de los transeúntes que podrían morir de frío por dormir a la intemperie a lo largo del invierno.

El hecho que el Parlamento uruguayo haya decidido violar los derechos de los ciudadanos a dormir en lugares públicos durante las noches de invierno (mientras les permite sentarse o deambular en la vía pública), no tiene sustento en la defensa integra de la dignidad de la persona humana. Es verdad que una parte de la dignidad humana implica la defensa de la integridad física. Pero también implica la defensa del respeto por la libertad del otro a decidir por sí mismo lo que a sí mismo compete (sin perjudicar a terceros).

Es cierto que la defensa de la integridad física de los ciudadanos forma parte de los deberes del Estado (por eso el derecho a la salud, a la seguridad, y al sustento mínimo). Pero el deber del Estado no puede sobrepasar o anular el derecho de la persona a decidir sobre sí misma, lo que a sí mismo compete respecto a su propio cuidado físico, sin perjudicar a terceros.

El Estado puede exigir que un fumador o un adicto no perjudiquen la salud de terceros, pero no puede penar a un fumador (o a un adicto) que se expone a sí mismo a ese riesgo, de forma consciente y libre. El Estado puede garantizar el derecho a recibir asistencia sanitaria mínima a todos los ciudadanos del país y puede educar a todos a fin de que tengan una vida saludable. Pero no puede obligar compulsivamente a los ciudadanos a cuidar su propia salud, tal como el Estado lo define.

Las personas que optan por dormir en lugares públicos (porque no quieren dormir debajo de unas latas en un asentamiento, o debajo de un árbol en cualquier descampado) tienen derecho a que el Estado les ofrezca una veraz información sobre los riesgos que corren con esa conducta. El Estado tiene la obligación de proporcionar los medios que permitan al individuo encontrar un cobijo seguro donde no haya riesgo de morirse de frío, una vez que se le proporcione la suficiente información en cantidad y la adecuada información en calidad con respecto al riesgo de su conducta.

Ahora bien, una vez que un individuo –con conciencia y libertad- decide exponerse a esos riesgos plenamente advertidos, tiene el derecho a ser respetado en su voluntad, sin que se viole su libertad; de la misma manera que todas las personas que libremente deciden exponerse a conductas de riesgo (en el deporte o en el trabajo) tienen derecho a ser respetadas en su autonomía, en sus “veleidades” o “caprichos” (aun cuando podamos pensar que son “absurdos”)

En consecuencia, la internación compulsiva de quien no comete delitos, no es una amenaza clara contra la integridad física o la propiedad de terceros, y no padece enfermedad mental invalidante de sus decisiones libres, constituye una conducta abusiva por parte del Estado que puede ser calificada como éticamente reprobable y violatoria de la dignidad del hombre libre.

Lo correcto es derogar esta ley inmoral.

Lo correcto es buscar todos los medios posibles para que los hombres conscientes y libres que optan por vivir a la intemperie, prefieran un cobijo seguro, donde nadie les robe ni los agreda (sin que sean efectivamente protegidos por los cuidadores de los refugios). Dr. Omar Franca julio 2011


One Response to “INTERNACION FORZADA A LOS QUE DUERMEN EN LA INTEMPERIE”

  1. freddy antonio dice:

    compartimos y los felicitamos por el enfoque
    Como no fue informado por los medios, nos merece un reparo más, no se habló para nada de la intervención judicial, ante lo que no deja deja de ser una detención por parte de la autoridades, (se motró la asistencia de una camión del ejército como fuerza de apoyo ???)
    agregaríamos que al igual que el aborto que limita el derecho constitucional de los ciudadanos concebidos a partir de los 85 días de vida, o el de la eutanasia que deja los límites a nuestra vida en manos de terceros, esta ley, que no dudamos debe ser derogada, deja una marco muy amplio por el que seguramente transitarán los regimenes totalitarios
    saludos