LA CRISIS (mundial) DE LA EDUCACION

03/07/2016 | Publicado por: Omar França | Categoría: Debates y Polémicas, Educación y Valores

Para qué se va a educar si, de hecho, “todo cambia”. En consecuencia,  la única educación que habría que implementar sería la habilidad para adaptarse a cambiar constantemente ya que el ideal del mundo actual es el “cambio por el cambio”, lo novedoso, lo esporádico y el “flash” emocional. Y dado que lo instantáneo, se consume y se tira, ¿para qué perder el tiempo en trasmitir valores permanentes como la verdad, justicia y belleza? Estas preguntas son algunas de las que muestran una profunda crisis en el objetivo medular de toda educación en el mundo actual. 

Es un EXTRACTO DEL LIBRO DE OMAR FRANCA:  Ante el vacío del mundo desarrollado, la respuesta del cristianismo católico.

 

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 UN MUNDO MODERNO QUE RETORNA AL POLITEISMO

  1. El vacío en Occidente
  2. La crisis de la razón filosófica o la relatividad de todos los mitos
  3. La crisis de la verdad “científica”

iii. La crisis del “yo”

  1. La crisis de la estética y del arte.
  2. La crisis de la educación

            Hoy extractamos:

  1. La crisis de la educación.

Para qué se va a educar si, de hecho, “todo cambia”. En consecuencia,  la única educación que habría que implementar sería la habilidad para adaptarse a cambiar constantemente ya que el ideal del mundo actual es el “cambio por el cambio”, lo novedoso, lo esporádico y el “flash” emocional. Y dado que lo instantáneo, se consume y se tira, ¿para qué perder el tiempo en trasmitir valores permanentes como la verdad, justicia y belleza?  Si, como afirma la filosofía postmoderna, la verdad no existe, y los valores son todos de igual valor, lo importante es la estética y el entretenimiento[1] en el aprendizaje. Según esto, se aprende solo lo que se siente emocionalmente y la educación deja de ser una trasmisión de valores, costumbres o convicciones que provengan del pasado, para priorizar las habilidades que capacitan para la producción y el confort personal.

Antes, la sociedad presuponía que había una alianza entre la familia y la educación, y que los valores trasmitidos por la familia se reafirmaban en la educación. En caso que fracasara la familia en la socialización de valores, se esperaba que las instituciones educativas compensaran con una socialización adecuada, los valores de tipo conductual o ético consensuados. Hoy la educación prioriza las competencias para habilitar a los alumnos a introducirse en el mercado laboral y competir en él. Los demás valores, de tipo ético, religioso, y cultural son secundarios o meramente “opiniones” subjetivas. Excepcionalmente esos valores[2] podrían ser útiles para fortalecer las “competencias” (por ejemplo, el espíritu de equipo). Pero ese espíritu de colaboración sólo es valorado, en la medida que amplifica las competencias y habilidades pragmáticas en la sociedad del confort y del consumo.

Según Bauman[3],  antes, la distinción entre los itinerarios correctos y erróneos era clara. Ahora, la receta es “ser uno mismo”, nunca ser como los demás y menos como nuestros antepasados. Por tanto, nada de sus valores, y de la tradición,  pueden servir para “mi realización”. El hecho que los jóvenes no vean en la educación un lugar para su “autorrealización” explicaría por qué hay tanta deserción del sistema escolar, especialmente en las capas sociales más bajas y “desintegradas”.  Pero en la sociedad actual tampoco es claro cuál debe ser “mi realización” o qué quiero ser “yo”, realmente, porque la mimetización con las modas pasa a ser el formato para mi yo. En realidad, las nuevas generaciones están configuradas en su identidad con aquello que consumen y desechan, de las modas y preferencias sociológicas. No buscan ninguna antropología de excelencia.

Actualmente la educación funciona como un mecanismo pragmático de capacitación para adquirir habilidades que permitan a las nuevas generaciones ser buenos gestores del bienestar económico personal y buenos consumidores de la sociedad del confort que compra, usa y tira, lo antes y lo más brevemente posible.

Así entendida la educación es explicable por que se da una correlación positiva entre desarrollo económico y bélico elevado en los países desarrollados y altos niveles de educación formal junto a gran número de científicos.

En el pasado era típico el optimismo frente a la educación. Se pensaba que todos los problemas de la sociedad  y de los seres humanos podían ser resueltos por una “buena” escolaridad[4].  Ahora bien,  siendo realistas, la educación actual, que está tan vacía de contenido, como lo está hoy la filosofía y el arte, y que no dispone de ninguna antropología que le indique cual es modelo de hombre deseable, ¿puede brindar un sentido para la existencia que vaya más allá de capacitar a las nuevas generaciones para la búsqueda del confort y el bienestar material?  ¿puede la educación brindar un sentido hondo y pleno de la vida? En realidad, no lo creo.

[1] ENKVIST, I., La Educación en Peligro. Pamplona: Eunsa, 2010,46-47.

[2] Algunas instituciones educativas vinculadas a la Compañía de Jesús de Cataluña han valorizado mucho la vivencia interior y el examen cotidiano de lo vivido por parte de los alumnos. Se inspiran así en la espiritualidad de San Ignacio de Loyola. Siendo loable este intento, la búsqueda de esa interioridad no deja de ser un instrumento pragmático más, al servicio de las habilidades cognitivas y emocionales de sus alumnos a fin de que se hagan “competentes” en la sociedad de consumo. Véase: http://www.educacionjesuitas.es/noticias/248-horizonte-2020-un-nuevo-modelo-pedagogico.

[3] Ib. p.112.

[4] Ese optimismo se muestra, por ejemplo, en aquella frase acuñada por Fray Monterroso, el secretario de Artigas, el héroe nacional uruguayo: “Sean los orientales tan ilustrados como valientes”.


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