RECOMENDACIONES SABIAS PARA EDUCAR EN VALORES A LOS HIJOS

06/11/2011 | Publicado por: Omar França | Categoría: Educación y Valores

RECOMENDACIONES SABIAS PARA EDUCAR BIEN A LOS HIJOS DE HOY

No hay escuela de padres y no siempre sabemos COMO ACTUAR PARA educar a nuestros hijos para QUE CREZCAN EN VALORES. Los consejos del psicólogo español Juan Pedro Nuñez (2011) son excelentes y muy sabios.

1. Si de verdad quiero que mi hijo sea fuerte en el futuro tendré que enseñarle desde el primer día a sufrir y a esforzarse.

2. Si aspiro que mi hijo sea una persona independiente tendré que dejarle solo y permitirle alejarse de mí.

3 Si quiero sembrar en mi hijo la generosidad tendré que enseñarle a sacrificarse por los demás y a renunciar a lo suyo.

4. Si quiero que mi hijo sea austero y sepa disfrutar de las cosas sencillas, los caprichos no tienen cabida ni razón de ser.

5. Si para mí es importante que mi hijo sea valiente y no le atormenten sus miedos, tendré que permitirle que se enfrente a ellos y nunca le transmitiré los míos.

6. Si quiero que mi hijo sea responsable, tendrá que hacerse cargo progresivamente de todo aquello que le concierne, sin que yo tape sus faltas o haga las cosas por é1.

7. Si quiero que mi hijo sea honesto consigo mismo, le enseñaré a reconocer humildemente sus errores y sus limitaciones y a saber pedir perdón y todas y cada una de las veces que lo haga le miraré a los ojos lleno de orgullo al ver en él a un hombre libre

8. Si quiero que mi hijo sea honesto con los demás, nunca le mentiré ni le permitiré que lo haga le mostraré la realidad de forma clara y directa y le agradeceré que él haga lo mismo conmigo

9. Si no quiero que mi hijo se pierda o se traicione a sí mismo nunca le compararé con otros ni ninguno de los dos alimentará una imagen ideal que perseguir para que así ame la serenidad que trae vivir sin tener que mantener una apariencia y para que se aleje instintivamente del desasosiego de tener que ajustarse a un guión establecido,

10. Si quiero que mi hijo sea una persona leal, nunca traicionaré mi palabra y le obligaré a cumplir la suya,

11. Si quiero que mi hijo sepa conocerse a sí mismo le enseñaré a identificar y a expresar sus emociones hablándole yo de las mías.

12. Si no quiero que mi hijo sea esclavo de sus virtudes, le enseñaré lo volátiles que son los aplausos y lo superficiales que son las miradas de admiración.

13. Si no quiero que mi hijo sea de los que no meditan las consecuencias de sus actos, dejaré que cometa sus propios errores y le enseñaré a afrontar las consecuencias rectificar cuando se pueda y a paliar el daño que haya hecho.

14. Si no quiero que mi hijo sea de los que no arriesgan para no equivocarse, le dejaré solo en su desidia sin aliviarle lo más mínimo el vacío de su inacción y su cobardía, pero también le mostraré mis cicatrices y la sabiduría que he adquirido con cada una de ellas.

15. Nunca amortiguaré el amargo sabor de la frustración para que aprenda a resignarse y se acostumbre a levantar rápidamente la mirada para redescubrir el mundo de posibilidades que siempre te ofrece la vida.

16. Nunca consentiré ni me doblegaré ante sus pataletas, para que su egocentrismo no le envenene el alma.

17 Si quiero que mi hijo sepa amar, le enseñaré a respetar a los demás, especialmente a quienes somos sus padres, pero también a sus hermanos, a las personas que le cuida, a sus abuelos, a sus profesores y a sus amigos.

18. Si quiero que mi hijo se acepte a sí mismo y sepa estar solo si fuera necesario, le diré que le quiero todos los días de su vida con la palabra, con miles de besos y abrazos y sobre todo con mi profundo respeto a su persona, aceptándole tal y como es, esforzándome por saber de él a medida que va creciendo, interesándome por conocerle y dejando que me conozca.

19. Si quiero que mi hijo sea alegre, reiré con él y jugaremos juntos a lo que a ambos nos resulte divertido y nunca fingiré ni lo haré por obligación.

20. Y todo ello lo haré desde el primer momento, a la menor ocasión, tantas veces como pueda y cada vez que la vida nos brinde de nuevo una oportunidad. Porque amar a un hijo es querer lo mejor para é1, prepararle para la vida y no robársela con la excusa de protegerle.

DECÁLOGO DEL BUEN CASTIGO

1. El castigo bien aplicado es siempre eficaz, luego si no funciona es porque no lo estamos haciendo bien.

2. El castigo si se aplica de forma intermitente, es decir, que si a veces ignoro el comportamiento inadecuado de mi hijo para evitarme el conflicto, no sólo no será eficaz sino que pudiera ser contraproducente.
2.1. Si me dejo llevar por la pena y perdono a mi hijo cuando se me pasa el enfado, porque al fin y al cabo son “cosas de
niños” no debería olvidar que precisamente son las “cosas de
niños” las que hay que corregir, para que no se conviertan en
“cosas de adolescentes o de adultos”. Cuando son niños es
Cuando podemos intervenir, luego será demasiado tarde.
2.2. Si nuestras amenazas y avisos sólo se cumplen cuando estamos hartos, lo que le estamos enseñando a nuestro hilo no es que esté mal lo que hace, puesto que a veces lo consentimos sino que todo depende del estado anímico y caprichoso de sus padres.
2.3. Cuando cedemos ante la insistencia de nuestro hijo, favorecemos que aumente la intensidad y la persistencia de sus conductas porque habrá aprendido que así puede doblegar nuestra voluntad.

3. Sólo podemos hablar de castigo cuando el niño sufre de alguna manera por las consecuencias de su acción. Si al niño le da igual el castigo y, por tanto, no cambia de comportamiento, entonces técnicamente no le hemos castigado.

4. En la medida de lo posible el castigo debe ser inmediato y desde el primer momento en el que se inicia la conducta inadecuada.

5. La aplicación del castigo debe ser emocionalmente neutra, sin gritos ni expresiones afectivas de carácter negativo y mucho menos acompañado de críticas v desvalorizaciones dirigidas al niño. Esto es mucho más fácil si, como hemos dicho en el punto anterior, actuamos desde el primer momento y no esperamos a enfadarnos ante el insistente mal comportamiento de nuestro hijo y su escalada de desobediencia.

6. Si le doy más de un aviso a mi hijo, cada vez que lo repita o lo amenace estaré corroborando que mi palabra no vale nada, puesto que obviamente no se ha cumplido en cada una de las ocasiones previas. Este es el camino más corto para desautorizarme a mí mismo y será terriblemente injusto para mi hijo que luego pretenda que me haga caso, si mi advertencia entraña ocasionalmente una consecuencia grave.

7. No es posible educar bien a nuestro hijo si ambos padres no formamos un frente común. Cuando actuamos con criterios distintos nuestro hijo aprende que el valor de las cosas es relativo, que él puede hacer lo que quiera y simplemente tiene que discriminar delante de quien lo hace. Es probable que con los años además aprenda a manipularnos y enfrentarnos uno contra otro. Por esta razón:
7.1. Jamás desautorizaré a mi pareja delante de mi hijo, aunque no esté de acuerdo en cómo haya actuado.
7.2. Nuestros desacuerdos los solucionaremos en la intimidad y nunca delante de é1.
7.3. En la medida de lo posible, estaremos juntos cuando le comuniquemos nuestras decisiones con respecto a las pautas a
seguir.
7.4. Le castigaremos cada vez que acuda a uno de nosotros para conseguir algo que el otro le haya denegado previamente.
7.5. Daremos prioridad a comunicarnos las decisiones que hayamos tomado en ausencia del otro, ante las distintas circunstancias que hayan podido plantearse.

8. Si queremos que terceras personas (profesores. personal doméstico, abuelos, monitores etc.) nos ayuden en la educación de nuestro hijo, debemos apoyarles siempre públicamente en el ejercicio de su autoridad y exigirle a nuestro hijo un respeto mayor que el que puedan tener hacia nosotros mismos.
8.1. Nuestro hijo debe aprender que en ámbitos distintos, rigen normas distintas y que éstas, así como la autoridad, no pueden cuestionarse caprichosamente.
8.2 Los adultos aclararemos entre nosotros aquello que sea conveniente, pero una vez más dejaremos al margen a nuestro hijo.

9. Nunca olvidaré que no puedo educar a mi hijo sólo a base de castigos y me esforzaré por reconocer siempre sus esfuerzos, sus cambios de actitud, las mejoras en su comportamiento y por supuestos sus logros. No convertiré los avances en su desarrollo personal en un mercadeo de premios materiales, mi reconocimiento será primordialmente afectivo, si bien no pasa nada porque de vez en cuando y sin que medie chantaje alguno por parte de mi hijo, acompañe mis gestos de algún regalo.

10 Y por muy cansado que esté nunca bajaré la guardia porque se lo debo a mi hijo, porque en mi constancia hallará él su seguridad.

Todos estos criterios fueron elaborados por Dr. Juan Pedro Núñez Partido. La educación de los hijos (a pesar de los padres). En BERASTEGUI,A., GOMEZ BENGOECHEA,B., Horizontes de la familia ante el siglo XXI. Madrid: U.Pont.Comillas, 2011, 167-173.


2 Responses to “RECOMENDACIONES SABIAS PARA EDUCAR EN VALORES A LOS HIJOS”

  1. Gastón dice:

    Excelente artículo!!!

  2. Yo creo que en la medida de lo posible y como cada uno pueda hay que resistir a esa voracidad que favorece la omnipotencia.