UN TERCIO DE LAS BANDERAS DEL MUNDO CONTIENE SÍMBOLOS RELIGIOSOS

01/11/2015 | Publicado por: Omar França | Categoría: Sociedad y Valores

 

Un tercio de los 196 países que componen al mundo llevan símbolos religiosos en sus banderas, de acuerdo a un nuevo análisis realizado por Angelina Theodorou, asistente de investigación del Pew Research Center’s Religion & Public Life Project.

De los 64 países que conservan símbolos religiosos en su bandera, el 48 por ciento de ellos son cristianos y 33 por ciento musulmanes, lo cual indica en el imaginario del mundo que estas dos religiones cruzan los continentes y se asientan como las más representativas de la historia del hombre.

Los símbolos cristianos se encuentran en 31 banderas nacionales de Europa, Asia Pacífico y América.

La bandera del Reino Unido, por ejemplo, incluye las cruces de San Jorge, San Patricio y San Andrés.  Algunos países de la Comunidad Británica conservan la “Union Jack” como parte de sus banderas como Fiji, Tuvalu, Australia y Nueva Zelanda.

España, Grecia, Noruega y República Dominicana están entre las banderas que incorporan símbolos cristianos.

Por lo que respecta a los símbolos islámicos, estos se encuentran en 21 países de la África subsahariana, Asia-Pacífico, el Medio Oriente y el norte de África.

En Bahréin, la bandera nacional se compone de cinco triángulos blancos que simbolizan los cinco pilares del islam.  Argelia, Turquía, Brunei y Uzbekistán son algunos de los muchos países que incluyen la estrella islámica y la luna creciente en sus banderas.

Los símbolos religiosos budistas e hindúes aparecen en cinco banderas nacionales y en tres de estos casos aparecen los símbolos de las dos religiones, como lo es en Camboya, en Nepal y en la India. Israel es el único país con un símbolo judío en su bandera nacional, la Estrella de David.

Seis países tienen símbolos religiosos asociados a otras religiones en sus banderas. La japonesa, por ejemplo, incluye un “hinomaru”, un sol naciente que es el símbolo sintoísta del antiguo imperio japonés; Argentina y Uruguay incluyen en sus banderas el sol brillante de oro, representativo del dios-sol de los incas: Inti.

Y la bandera mexicana, con un águila devorando una serpiente, que es el símbolo del dios Huitzilopochtli de los aztecas

 

EL SIMBOLISMO RELIGIOSO DE LA BANDERA DE EUROPA

La Razón / Javier Peredes

 

Arsène Heitz es un artista de la ciudad de Estrasburgo. Aunque su nombre no es muy conocido, sin embargo una de sus creaciones se despliega al viento, como símbolo de todos los europeos. En efecto en 1950 el Consejo de Europa convocó un concurso de ideas para confeccionar la bandera de la recién nacida Comunidad Europea. Heitz, entre otros muchos diseñadores, presentó varios proyectos, y uno de ellos resultó ser el elegido, ése que hoy todos conocemos: doce estrellas sobre fondo azul.

 

Hace unos años, Heitz desveló a la revista francesa Lourdes Magazine cuál fue el motivo de su inspiración. En aquellas fechas, dice él, leía la historia de las apariciones de la Santísima Virgen en la Rue du Bac de París, que hoy es conocida como la Virgen de la Medalla de la Milagrosa. Y según el testimonio del artista, concibió las doce estrellas en círculo sobre un fondo azul, tal como la representa la iconografía tradicional de esta imagen de la Inmaculada Concepción. En principio Heitz lo tomó como una “ocurrencia”, entre las muchas que fluyen en la imaginación del artista; pero la idea despertó su interés, hasta el punto de convertirse en motivo de su meditación.
Por lo que dice en la revista, Heitz acostumbra a escuchar a Dios en su interior; es decir reza con el corazón y con la cabeza. Se declara un hombre profundamente religioso y devoto de la Virgen, a quien ni un solo día deja de rezar el Santo Rosario en compañía de su mujer. Y por todo ello concluye que en su inspiración confluyen además de sus dotes de artista, esas voces silenciosas que el cielo siempre pronuncia sobre los hombres de buena voluntad, de los que sin duda Heitz forma parte. Un artista que casi al final de su vida y en el cénit de su carrera, puede proclamar con la garantía de la autenticidad que concede ese momento, en el que los cosas que interesan son ya muy pocas pero muy importantes, que se considera un hombre que ama a todo el mundo, pero sobre todo a la Santísima Virgen, que es nuestra madre.
Es cierto que ni las estrellas ni el azul de la bandera son propiamente símbolos religiosos, lo que respeta las conciencias de todos los europeos, sean cuales sean sus creencias. En este sentido, cuando Paul M. G. Lévy, primer director del servicio de prensa e información del Consejo de Europa, tuvo que explicar a los Miembros de la Comunidad Económica el sentido del diseño, interpretó el número de las doce estrellas, como “guarismo de plenitud”, puesto que en la década de los cincuenta no eran doce ni los miembros de dicho Consejo, ni los de la Comunidad Europea. Pero no fue ese el verdadero motivo de inspiración del artista que diseñó la bandera de Europa.

 

En el alma de Heitz habían estado presentes las palabras del Apocalipsis: Una gran señal apareció en el cielo, La Mujer vestida de sol y la luna bajo sus pies, y en su cabeza una corona de doce estrellas. Y sin percatarse, quizás, los delegados de los ministros europeos adoptaron, oficialmente, la enseña propuesta por Heitz en la fiesta de la Señora: el 8 de diciembre de 1955. Muchas casualidades, como para que a partir de ahora no nos sea difícil descubrir entre los pliegues de nuestra bandera de europeos la sonrisa y el cariño de Nuestra Madre, la Reina de Europa, dispuesta a echarnos una mano en ese gran reto, que nos propuso el sucesor de San Pedro, Juan Pablo II: recristianizar el Viejo Continente con el ejemplo de nuestras vidas y el testimonio de nuestra palabra. Y todo un recurso para que acudamos a Nuestra Madre, la Santísima Virgen, para que nos ayude a defender esos valores innegociables a los que continuamente se refiere Benedicto XVI: la vida desde el momento de la concepción hasta la muerte natural, la familia natural como unión indisoluble entre un hombre y una mujer basada en el matrimonio y abierta a la vida, el derecho de los padres a la educación de sus hijos, el bien común y las raíces cristianas de Europa.

 

 


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